IMPLANTACIÓN DE ANILLOS INTRACORNEALES:

Es otra de las nuevas técnicas que se están usando en el tratamiento de las enfermedades como el queratocono para regularizar la forma de la córnea. Debido al adelgazamiento y distorsión de la córnea se producen defectos visuales severos como la miopía y el astigmatismo, que por su patrón irregular, son muy difíciles de corregir con gafas convencionales o lentes de contacto.
Los anillos intracorneales son segmentos diminutos de plástico, semicirculares, que se implantan dentro de la córnea, en su estroma, para aplanar y regularizar su superficie. Al disminuir la distorsión corneal se logra una mejor calidad de visión, además corrige parcialmente los defectos de astigmatismo y miopía, facilitando también el posterior uso de gafas o lentes de contacto. La cirugía es sencilla, ambulatoria, y se realiza bajo anestesia tópica (gotas).
La recuperación visual es lenta, normalmente toma varios meses llegar a la mejoría total. La incapacidad es mínima, solo un par de días. Es también un procedimiento reversible, es decir, si no se logra la mejoría de la visión, pueden retirarse los anillos y proceder al transplante de córnea.
QUERATOPLASTIAS LAMELARES

La córnea es la estructura más anterior del ojo, su lente más importante en el proceso de enfoque de las imágenes en la retina. Está compuesta por cinco capas de células que pueden afectarse en conjunto (como en trauma o en enfermedades infecciosas) o por separado, como en las enfermedades genéticas (distrofias) que a veces afectan solamente las células del epitelio, de la capa de Bowman, o del estroma, de la capa de Descemet o únicamente del endotelio. Este último es el encargado de extraer el agua de la córnea y mantenerla transparente para permitir una visión nítida.
Dependiendo de la capa afectada se puede producir opacidades a diferentes niveles o, si el afectado es el endotelio, se presenta una pérdida de las funciones celulares que llevan a edema y descompensación de la córnea con opacificación de la lente y daño de la visión. . Hasta hace pocos años, la “regla de oro” para las enfermedades graves de la córnea o para problemas de descompensación corneal post cirugía de catarata o post cirugía refractiva etc., era el transplante total de córnea o queratoplastia penetrante. En esta cirugía se extraen unos 8 mm. de la córnea del paciente y se cambian por una córnea donante transparente y con una estructura regular que permita mejorar la visión del enfermo.
Los riesgos intraquirúrgicos son los de cualquier cirugía intraocular, es decir, riesgo de hemorragias, infecciones, daño de las suturas y otros más. Durante toda la vida se corre el riesgo de generar rechazo del injerto dado que se trata de tejidos de otro ser vivo que puede ser inmunológicamente no compatible. Puede tardar más de un año recuperar una buena visión después del transplante, y frecuentemente son necesarias varias cirugías adicionales para tratar los defectos visuales inducidos, especialmente el astigmatismo.
Desde la década del 2.000 se viene desarrollando un nuevo tipo de transplantes en los que no se cambian todas las capas (queratoplastia penetrante) sino solo algunas de ellas (queratoplastia lamelar). Las más comunes son la QUERATOPLASTIA LAMELAR PROFUNDA ANTERIOR (sus siglas en inglés DALK) en la que se extraen las capas anteriores de la córnea dejando solo la membrana de Descemet y el endotelio. Se usa en los casos en que hay opacidades de las capas anteriores como por ejemplo después de una úlcera corneal, o en casos de queratocono y ectasias después de cirugía refractiva donde el estroma y las capas superficiales están dañadas pero el endotelio está en buenas condiciones. Sus ventajas son que en esta cirugía no se abre el ojo, se cambian solo las capas superficiales. Esto disminuye grandemente los riesgos intraquirúrgicos de hemorragia e infección, como también el riesgo de rechazo del injerto. La cicatrización es más rápida y la incapacidad más corta, aunque la recuperación visual también es un poco lenta.
La segunda clase es la QUERATOPLASTIA ENDOTELIAL, (DSEK), en la que solo se reemplazan la membrana de Descemet y el endotelio. Se usa en los casos en que hay daño endotelial como en algunas distrofias o en descompensaciones corneales después de cirugía de catarata. En estas patologías, el endotelio enfermo no puede extraer el agua de la córnea y esta empieza a edematizarse (hincharse). El exceso de agua en el estroma corneal hace que los rayos de luz se desvíen de su dirección normal y el paciente empieza a tener visión de halos como arco iris. Posteriormente disminuye la calidad y la cantidad de visión llevando hasta la imposibilidad de definir imágenes, lo cual hace necesaria la cirugía. En los estadíos iniciales no hay mucha cicatriz en el estroma, por lo tanto, con solo cambiar el endotelio el paciente mejora su visión. En estadíos avanzados ya se presentan cicatrices en el estroma lo que impide hacer cirugía lamelar y obliga a realizar una queratoplastia penetrante, por lo tanto es importante no postergar innecesariamente la cirugía. La queratoplastia lamelar endotelial es una cirugía intraocular, es decir, debe abrirse el ojo para implantar el nuevo tejido, pero es muy poco invasiva. Sus ventajas son la rápida recuperación visual, el bajo riesgo quirúrgico, la poca inducción de astigmatismo y la corta incapacidad que genera.
ORTÓPTICA Y PLEÓPTICA